Repensar la educación superior: agilidad, competencias y el poder del espacio
Este artículo forma parte de una serie que explora cómo está evolucionando el trabajo y qué significa este cambio para las organizaciones, las personas y los entornos que las apoyan. A través de conversaciones con expertos de distintos ámbitos, la serie ofrece diversas perspectivas sobre los retos que están configurando el futuro del trabajo.
Thorsten Bagschik, director general de SRH University of Applied Sciences, comparte una visión desde el liderazgo sobre cómo las universidades deben evolucionar para seguir siendo relevantes en un mundo laboral en rápida transformación.

Work Better: ¿Cuáles son los mayores retos estratégicos a los que se enfrentan hoy las instituciones de educación superior?
La educación superior opera en un entorno mucho más complejo y competitivo que incluso hace una década. En países como Alemania, el cambio demográfico está reduciendo el número de estudiantes nacionales, mientras que las universidades compiten cada vez más por atraer talento internacional. Esto abre enormes oportunidades, pero también plantea retos reales: desde la internacionalización hasta la integración cultural y la experiencia del estudiante.
Al mismo tiempo, las expectativas han cambiado. Estudiantes, empleadores y la sociedad en general esperan que las universidades preparen a las personas no solo con conocimientos académicos, sino también con las competencias necesarias para desenvolverse en un mercado laboral en constante evolución. Las instituciones ya no pueden permitirse permanecer estáticas. Hoy, el liderazgo implica revisar de forma continua qué se ofrece, cómo se enseña y cómo se apoya el aprendizaje, y estar dispuesto a adaptarse con rapidez cuando cambian las condiciones.
WB: ¿Cómo están replanteando las universidades sus modelos educativos para alinearse con la realidad del mercado laboral?
Uno de los cambios más significativos que hemos observado es el paso de la enseñanza, entendida como mera transmisión del conocimiento, al aprendizaje como desarrollo de competencias. Esto implica partir de una pregunta sencilla pero exigente: ¿qué necesitan realmente los graduados para acceder al mercado laboral, no solo hoy, sino también dentro de unos años?
A partir de ahí, los programas educativos deben diseñarse en sentido inverso: competencias como la colaboración, la comunicación, la creatividad, las habilidades digitales, el pensamiento crítico y la capacidad de adaptarse al cambio deben integrarse en los planes de estudio, en los métodos de evaluación y en los formatos de aprendizaje. Los exámenes escritos tradicionales, por sí solos, ya no son suficientes. Los juegos de rol, los proyectos reales, las presentaciones y las simulaciones desempeñan un papel clave a la hora de evaluar si los estudiantes saben aplicar lo aprendido.
Este enfoque también transforma el papel del profesorado. Cada vez más, los docentes actúan como coaches, acompañando a los estudiantes mientras afrontan desafíos de forma colaborativa, en lugar de limitarse a impartir contenidos desde el frente del aula.
WB: ¿Qué implica este cambio para los entornos de aprendizaje y los espacios físicos?
Los modelos de aprendizaje y el espacio físico están estrechamente conectados. Si la colaboración, la comunicación y la creatividad son competencias clave, los entornos de aprendizaje deben facilitarlas activamente. Esto exige flexibilidad: espacios capaces de adaptarse con facilidad a distintos escenarios de enseñanza y aprendizaje.
Aulas de seminarios altamente flexibles, mobiliario móvil, superficies de trabajo ajustables y zonas creativas informales permiten a estudiantes y docentes reconfigurar los espacios según las necesidades de cada actividad. El objetivo no es imponer una única configuración “correcta”, sino ofrecer la libertad de dar forma al entorno.
Es igualmente importante fomentar la interacción entre disciplinas. Cuando estudiantes de diferentes campos comparten espacios, surgen conexiones inesperadas. Estos encuentros suelen generar proyectos interdisciplinarios y reforzar el sentido de comunidad; dos elementos esenciales para preparar a los estudiantes para la colaboración en el mundo real.
WB: Más allá de la funcionalidad, ¿cómo influyen los espacios físicos de aprendizaje en la cultura y en la experiencia?
Los entornos físicos envían señales claras sobre cómo debe producirse el aprendizaje. Cuando los espacios son abiertos, flexibles y acogedores, fomentan la participación, la experimentación y el intercambio. Los estudiantes tienden a implicarse más en su propio aprendizaje cuando se sienten capaces de adaptar el entorno a sus necesidades.
Entendemos los espacios de aprendizaje como laboratorios vivos. Una vez que un espacio entra en uso, comienza el verdadero trabajo: observar cómo se utiliza, comprender qué funciona y qué no, y ajustar en consecuencia. A veces se trata simplemente de mover el mobiliario, cambiar la disposición o replantear por completo ciertos entornos. Este enfoque iterativo ayuda a que los espacios evolucionen al mismo ritmo que los métodos de enseñanza y las necesidades de los usuarios.
Al mismo tiempo, la presencia física sigue siendo fundamental. Aunque las herramientas digitales y la colaboración en línea desempeñan un papel importante, la experiencia compartida de aprender juntos en el campus continúa siendo una parte formativa esencial de la educación superior. Es durante estos años cuando se forjan muchas relaciones profesionales y personales que perduran en el tiempo.
WB: De cara al futuro, ¿qué deberían tomarse más en serio las universidades para seguir siendo relevantes durante la próxima década?
La agilidad es clave. Las universidades deben observar de manera continua la evolución del mercado laboral, la tecnología y la sociedad, y estar preparadas para adaptar sus programas, formatos y entornos en consecuencia. Al final, el éxito de los estudiantes define el éxito de las instituciones.
Esto también implica asumir plenamente el aprendizaje a lo largo de la vida. La educación ya no termina con un grado o un máster. Los programas más cortos, los certificados y los itinerarios formativos flexibles serán cada vez más importantes a medida que las personas afronten múltiples transiciones profesionales a lo largo de su vida.
Por encima de todo, las universidades deben mantenerse curiosas y abiertas, dispuestas a responder a la disrupción en lugar de resistirse a ella. Esta actitud, combinada con un fuerte enfoque en las personas, las competencias y la experiencia de aprendizaje, será decisiva para dar forma al futuro de la educación superior.
Sobre Thorsten Bagschik
Thorsten Bagschik es director general de SRH University of Applied Sciences en Alemania. Su trabajo se centra en modelos de aprendizaje orientados al futuro, la empleabilidad y el papel de los entornos físicos en el apoyo a la educación contemporánea. El campus de SRH en Berlín ha sido reconocido con un German Design Award por sus innovadores espacios de aprendizaje.
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